domingo, 27 de mayo de 2012


Crónica
Fin de semana   

Escuchar los graznidos de un pato vecino y  ver los rayos de luz que se filtran por la ventana son las señales de que ha iniciado un nuevo día. Sin embargo, el sábado parece tener algo especial, el cuerpo no quiere dejar la cama tan temprano y como por arte de magia ese día no escucho el molesto parpar del pato, así es que solo me volteo para esquivar el rayo de luz en mi rostro y listo ” la noche continúa”.
A eso de las siete de la mañana, cuando ya he pereceado,  decido levantarme, doy gracias a Dios por el día que inicia y  preparo el desayuno.
Por lo general el sábado no molesto a mis hijos para que se levanten temprano y  permito  que aprovechen ese sueño tan profundo característico de la niñez.
A eso de las nueve de la mañana desayunamos. Este día es especial porque estamos todos en la mesa. Debido a horarios de trabajo en la semana no desayunamos juntos, así que  aprovechamos ese espacio  para hablar en la mesa con los niños y mirar qué tenemos pensado hacer ese fin de semana.

El trascurso de la mañana es tranquilo, nos  dedicamos a revisar las tareas de mis hijos y si es necesario hacer las labores de la casa. En lo posible procuro no adelantar trabajos de la universidad los fines de semana pues creo que ese tiempo es solo  para mi familia.
Después del almuerzo no puede faltar la siesta. A  eso de las cuatro de la tarde, cuando ha bajado el sol, salimos a visitar a mi mamá o a mi suegra y llegada la noche buscamos algo para comer. Es sábado en la noche y lo mínimo que espero son unas ricas hamburguesas.
La noche termina sin el trajín característico  de toda la semana y luego de jugar a deletrear palabras con mis hijos, su juego preferido, nos  disponemos a descansar.

Aunque el domingo  no hay que madrugar para trabajar o estudiar sí tenemos por costumbre asistir con los niños a la  escuela dominical  de nueve a doce del medio día, salir a almorzar y dar un paseo, bien sea en el parque, el centro comercial o simplemente salir a comer helados. Cabe aclarar que el domingo no es completo para mis hijos si no juegan futbol con el papá o con sus amigos.
Al finalizar el día  procuramos estar temprano en casa. Falta  arreglar uniformes, loncheras, horarios y es bueno  terminar  el fin de semana con la calma necesaria para recargar baterías  y empezar una nueva semana llenos de energía.

Cada fin de semana que comparto   con mi familia confirma lo  afortunada que soy.



 Xiomara Uribe Ruiz


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