Crónica
Fin de semana
Escuchar los graznidos de un pato
vecino y ver los rayos de luz que se
filtran por la ventana son las señales de que ha iniciado un nuevo día. Sin
embargo, el sábado parece tener algo especial, el cuerpo no quiere dejar la
cama tan temprano y como por arte de magia ese día no escucho el molesto parpar
del pato, así es que solo me volteo para esquivar el rayo de luz en mi rostro y
listo ” la noche continúa”.
A eso de las siete de la mañana,
cuando ya he pereceado, decido
levantarme, doy gracias a Dios por el día que inicia y preparo el desayuno.
Por lo general el sábado no molesto a
mis hijos para que se levanten temprano y
permito que aprovechen ese sueño tan
profundo característico de la niñez.
A eso de las nueve de la mañana
desayunamos. Este día es especial porque estamos todos en la mesa. Debido a
horarios de trabajo en la semana no desayunamos juntos, así que aprovechamos ese espacio para hablar en la mesa con los niños y mirar
qué tenemos pensado hacer ese fin de semana.
El trascurso de la mañana es
tranquilo, nos dedicamos a revisar las
tareas de mis hijos y si es necesario hacer las labores de la casa. En lo
posible procuro no adelantar trabajos de la universidad los fines de semana
pues creo que ese tiempo es solo para mi
familia.
Después del almuerzo no puede faltar
la siesta. A eso de las cuatro de la tarde, cuando
ha bajado el sol, salimos a visitar a mi mamá o a mi suegra y llegada la noche buscamos
algo para comer. Es sábado en la noche y lo mínimo que espero son unas ricas
hamburguesas.
La noche termina sin el trajín característico
de toda la semana y luego de jugar a
deletrear palabras con mis hijos, su juego preferido, nos disponemos a descansar.
Aunque el domingo no hay que madrugar para trabajar o estudiar
sí tenemos por costumbre asistir con los niños a la escuela dominical de nueve a doce del medio día, salir a
almorzar y dar un paseo, bien sea en el parque, el centro comercial o
simplemente salir a comer helados. Cabe aclarar que el domingo no es completo
para mis hijos si no juegan futbol con el papá o con sus amigos.
Al finalizar el día procuramos estar temprano en casa. Falta arreglar uniformes, loncheras, horarios y es
bueno terminar el fin de semana con la calma necesaria para
recargar baterías y empezar una nueva
semana llenos de energía.
Cada fin de semana que comparto con mi familia confirma lo afortunada que soy.
Xiomara Uribe Ruiz
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