Para empezar a contarles mi experiencia como diseñadora de juguetes es necesario que sepan de dónde vino la idea. Pues el profesor Wilson Gómez es el artífice de dicha actividad y quien dicta la materia Didáctica de la lengua materna I, espacio donde en cada clase el profesor se propone la valiosa tarea de enfrentarnos a nuevos retos utilizando todas las herramientas posibles y en aras de beneficiar el proceso de enseñanza y aprendizaje. Pero bueno, sin cepillar más, entraré en materia.
La última clase fue un reflejo de la dinámica que identifica al profe, pues decidió ponernos hacer un TREN, sí un TREN, como lo oyen. Debía tener 30 cms de largo y teníamos total libertad para su elaboración. La cuestión dependía de qué tanta creatividad tuviera cada uno para hacerlo o con cuantos, amigos, novios, papás, esposos, hijos, etc. contara, pues para nadie es un secreto que siempre terminamos pidiendo ayuda, así sea en los detalles más mínimos.
Fueron muchas las reacciones que se sintieron en el salón, es como algo que se puede respirar en el aire, sentir en el ambiente y creo que la mayoría no eran positivas, sin embargo, a mí no me desagradó la actividad, de hecho pensé, respecto a las actitudes negativas, que a estas personas se les está acabando la juventud
prematuramente… Una opinión muy personal.
Pero volviendo a lo importante y mientras mí rostro destelló una sonrisa involuntaria que reflejaba mi agrado, en mi mente, como fiel retrato de una caricatura, apareció un interrogante inmenso. ¿Qué material usar, qué modelo, con cuántos vagones, cómo lograr que se mueva? en fin... fueron muchas las preguntas que llegaron a mi mente.
Por lo general utilizo el tiempo del recorrido del bus de la universidad a mi casa leyendo algo de lo que esté pendiente, sin embargo, ese día no fui capaz de hacerlo. Mi mente ya estaba ocupada. Con decirles que me imaginé hasta una locomotora hechando humo, y pensé: "puedo poner en el tren un pedacito de hielo químico y como eso bota humo pues crea la ilusión de que es el humo del tren, o también puedo prender un barita de incienso dentro del primer vagón y parecería que el humo sale del tren" Claro, como solo era en la mente y la imaginación todo pintaba bien...
Cuando ya me encontraba en mi casa dispuesta a iniciar mi tarea, se presentó mi mayor problema, aunque suene cruel decirlo, mis hijos se adueñaron de la construcción del tren. Estaban encantados, uno decía una cosa, el otro cortaba un papel, hacía un modelo, en fin, un derroche de entusiasmo. Como conclusión, terminamos haciendo un tren para cada uno. Santi con un tren de papel decorado con Ben 10 y Pipe con uno en cartón paja, (los insumos para el mío) decorado con marcadores y matachos con espadas.
Aunque fue muy agradable el momento, decidí sacar un tiempo en el que estuviera sola para poder hacer el tren a mi gusto.
Lo primero que hice fue consultar en internet muchas imágenes, porque aunque tenía muchas ideas no me había decidido por una en particular. Al ver los distintos trenes siempre me inclinaba por las antiguos, no sé por qué pero los modernos, etilo metro, me parecen bonitos pero no me atraen tanto como lo de locomotora que trae implícito romanticismo, entonces ese fue el primer criterio de selección, ya sabía que estilo del tren.
El material lo elegí porque es fácil de manipular, se puede pintar, es liviano, y lo más importante: "YA TENÍA CARTÓN PAJA EN LA CASA".
Cuando vi el tren de circo me encantó. Los colores llamativos, el estilo y los animales eran ese toque diferente que estaba buscando. Sólo con mirarlo inspiraba alegría, fiesta, diversión. Todo lo que me gusta por eso me sentí identificada con ese hermoso tren.
Para poner en práctica lo visto en clase puse música clásica que el profe nos había sugerido, déjeme contarles lo rico que la pasé. Con decirles, que aunque tenía muchas cosas en la cabeza, esto fue toda una terapia de relajación.
Cundo ya estuvo terminado toda la parte exterior, tuve que recurrir a mi esposito lindo para que me ayudara con la parte eléctrica. En ese momento todo salió bien y el tren pudo andar con un motor de cinco voltios que le instalamos y una adaptación con un cargador de celular. Al vagón delantero le adaptamos con palitos de bonbonbun y una liga que arrastrará las ruedas, que a propósito eran de un carrito de mis hijos que desbalijé.
Sin embargo, cuando ya montamos los vagones no se movió. Tal vez era mucho el peso para el motor y solo tenía capacidad para mover las ruedas.
Concluyo diciendo que esta experiencia me remontó a la época del colegio cuando tenía que hacer trabajos de manualidades y todo ese cuento y por eso fue muy agradable. definitivamente lo volvería hacer.












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